Poemas escritos por Felipe V. Rivera

MI HOMENAJE
(a los defensores del Chaco)


Un cielo color púrpura
cual gigantesco mantón,
fué cubriendo la llanura
en su infinita extensión.

Allá, se vió un campamento
levantar el Pabellón.
Era un bravo Regimiento
que partió de Villazón.

Ni los muros del camino,
ni el sol, ni el hambre y la sed,
ante la Patria en peligro
nos los pudo detener.

Cual columna de la muerte
ví a esos hombres, ¡Qué visión!
Cuando marchaban al frente
esa tarde, a la oración.

Y hoy en las selvas Chaqueñas
con heroísmo ejemplar,
van grabando las enseñas
de la Historia Nacional.

No deprime su energía
aquel Chaco abrasador,
donde con su artillería
castigan al invasor.

En las selvas mas remotas
acrece mas su vigor.
¡Bolivianos! ¡Compatriotas!
¡Admiro vuestro valor!

Y mi anhelo, en conclusión
es, que después de vencer,
volvais con el galardón
del que cumple su deber.
 
Felipe V. Rivera - 1933
(Extraído de "El Último Cancionero")

¡YO...!



Tengo una pena en el alma
que me hiere sin cesar,
y que me quita la calma
y que al fin me va a matar.
Honda pena que me mata
y que nació del fulgor»
de los ojos de una ingrata
que me mintió tanto amor.
Dejando todo enlutado
el cielo de mi ilusión,
y con golpe despiadado
destrozó mi corazón.
Si te dicen algún día
que amando un hombre murió,
no preguntes quién sería
porque ese hombre seré yo.
 

DESENGAÑO



¡Oh! mundo infame. Mundo; hay hasta cuando
habitaré en tu seno solitario,
¿cuándo la muerte su fúnebre sudario
sobre mi yerto cuerpo extenderá?
Los placeres del mundo son mentira
son como el humo que deshace el viento,
aquí tan sólo reina el sufrimiento
felicidad no existirá jamás.
La copa del placer apurar quise
y el cáliz apuré de la amargura,
mi pecho es una triste sepultura
y un cadáver, no es más mi corazón.
El tedio amarga mi-agitada vida
y el porvenir se me presenta triste,
y cuando en torno mío miro, se reviste
de un enlutado fúnebre crespón.
Nada me alegra ya, nada en la vida
va consumiéndome un fatal hastío,
contemplo el porvenir, lo hallo sombrío
vuelvo al presente, lo hallo aterrador.
Miro al pasado, muertas ilusiones
dulces ensueños que ha llevado el viento,
el mar de mi existencia es turbulento
árido y triste el cielo de mi amor.
Mi triste corazón hoy sólo siente
un profundo disgusto- de la vida,
acaso una esperanza ve perdida
talvez contempla muerta una ilusión.
O quizás ve rodar sus esperanzas
cual del otoño las marchitas hojas
y un denso torbellino -de congojas
envuelve a mi solitario corazón,
Ay, vale más morir que vivir triste
contemplando en la bruma del pasado,
tanto querido ensueño sepultado
tanta esperanza marchitada en flor.
Mis dulces ilusiones miro hoy día
cual nubes por el viento disipadas,
mis doradas quimeras sepultadas
en la lóbrega noche del dolor.
 

A ELLA



¿Porqué sensible señor me hiciste
y me criaste con corazón?
¿porqué en la nada no me dejaste
sin luz, sin nombre, sin ilusión?
El alma llora su desventura
triste locura de una pasión,
locura ha sido quererla tanto
sin que a mi llanto dé compasión.
Ahog-o en mi pecho dolor profundo
vivo en el mundo sin ilusión,
sin emperanza habito el suelo
me mandó el cielo su maldición,
Feliz un tiempo me contemplaba
con ella hallaba grato el vivir,
hoy que la vida me causa tedio
no hallo remedio, quiero morir.
Hoy que la suerte de mí se aleja
triste se queja mi corazón,
mi alma llora su desventura
en la amargura de su aflicción.
A esa alma ingrata, Señor, te pido
que la maldigas en hora tal,
sólo así entonces veré cumplido
mi cruel destino, mi amor fatal.
 


LA ORACION DE LA SOLTERA



Ay Dios mío creo en tí
y pues té adorno dé hinojos,
mírenme tus santos ojos
que estoy sin novio, ¡ay de mí!
De amor me estoy abrazando
ya mí paciencia es escasa
que mientras el tiempo pasa
yo también me estoy pasando.
Habiendo en el mundo tantos
hombres en quiénes confío
¡Cómo es posible Dios mío
qué me puede a vestir santos!
En aras del matrimonio
con el qué vivo soñando,
¡La plata que estoy gastando
en velas á San Antonio!
Ay cómo permites pues
Señor todopoderoso
que para mí no haya un mozo
y otros tengan hasta tres.
Dé mi estado piedad ten,
ten compasión Dios bendito,
y haced que lo más prontito
me halle un maridito. Amén.